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En respuesta a Mar Gruesa | Por Carlos Serrano Imprimir E-Mail
miércoles, 07 de febrero de 2018
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>> Vaya por delante, fieles lectores, que en las siguientes líneas voy a hablar poco, o nada de surf. Me siento en el deber de avisaros, dado que algunos lleváis más de quince años con nosotros, y no tenéis la necesidad de leer lo que aquí se reproducirá: un debate más propio de un bar, de un bingo, de una cena de Nochebuena. Pero es lo que toca. Ayer la web de surf Mar Gruesa publicó un artículo de la periodista Maialen Mangas que se refería a la polémica prueba de “la Invernal de Laredo”, con su desigual reparto de premios entre hombres y mujeres. En realidad, lo que se publicó fue una respuesta a la “respuesta a El País” que en Surfcantabria escribimos hace días. No lo digo por vanagloriarme, se me cita textualmente, y de hecho, expone unos argumentos que, hablando en plata, dan un par de vueltas a los míos.


Sin embargo, todos ellos van dirigidos a contestar a esta cita: El problema viene de abajo, de una sociedad machista que sí existe, pero cuyo cambio debería empezar en los colegios y las familias, no en los campeonatos de surf. El resto de argumentos consisten en tildar la publicación de “machista”. Escribiré, por tanto, dos respuestas. Un poco por mí, porque no me siento a gusto con la etiqueta, y también por todos aquellos y aquellas que me escribisteis y estabais de acuerdo conmigo. Daros por aludidos.

La primera respuesta es que, me cuesta captar en qué discrepamos Maialen Mangas, periodista profesional, y yo,  y por qué esa inquina. Creo que dejo claro que el problema del machismo en nuestra sociedad viene “de abajo”, una expresión  utilizada en la sociología para definir a la sociedad de base, diferenciándola de sus gobernantes o clases altas, “desde arriba”. Todo lo que usted dice, lo que argumenta, sus datos, todo ello es cierto, inapelable e injusto: nadie pone en duda, y yo menos, la situación de inferioridad de la mujer respecto al hombre en prácticamente todos los ámbitos de la vida es latente en cualquier libro de Historia. Quien no lee, es porque no quiere. Ahora bien, el cambio “desde abajo”, desde los colegios y familias, para que nuestra sociedad no sea machista como usted argumenta, tal y como está el mundo, va a ser un proceso lento, que no creo que ni usted ni yo vayamos a ver concluído. Por si no lo sabe, el siglo XXI consiste en el periodo conocido como “globalización”, y por tanto, el cambio se impera desde arriba, siempre, porque el juego es así. Y lo que juega es el dinero: si lo que usted propone es que la lucha contra el machismo la empiecen “los de arriba” (campeonatos, marcas, patrocinadores, políticos…), le animo a abrir los ojos. Más le vale creer en la utopía. Pero si le sirve de consuelo, le diré que muchas mujeres están llegando a estar “arriba”, y cada vez serán  más, hasta quizás, dentro de veinticinco años, igualar o incluso superar a los hombres. ¿Por qué no? ¿No se están creando leyes? Pero esto sucederá tras muchos años, muchísimos, de años de trabajo “desde abajo”, concienciando a una sociedad  que arrastra veintiún siglos de machismo, y cuyas mujeres pudieron votar hace menos de 100. Un cambio social de tamaña envergadura, en pos de la equidad, no se produce de la noche a la mañana.

Quizás lo que pueda frenar dicho cambio, el pasar de una sociedad machista a una equitativa, igualitaria y justa, en las que las palabras “machismo” y “feminismo” carezcan de sentido, sean  las clasificaciones y los partidismos que, también  como consecuencia de la globalización, parece que estamos destinados a sufrir en nuestros días, y de los que Maialen Mangas y su artículo son estandarte. Forma parte del mundo que nos toca vivir, un mundo globalizado en el que las barreras de idioma, contacto y comunicación  han desaparecido. Es lo que se conoce como “aldea global”, en términos sociológicos, una “aldea” compuesta por miles de millones de personas que se leen continuamente, interaccionan, y relacionan, sin importar de dónde sean o dónde estén. En esta aldea, como en todas, hay peleas entre vecinos, o por si la acera debe hacerse así, o asá. Pero como existen tantos habitantes, la polarización se torna extrema. En el mundo de hoy, o se es blanco, o negro. No hay lugar para los grises. O indepe, o facha. Obama, o Trump.  O machista, o feminista.

Maialen Mangas, al referirse al artículo de Surfcantabria, y a su autor en particular (servidor) como machista, entra sin duda en ese partidismo que más que concilio, busca el enfrentamiento. Parece ser propio de humanos el querer siempre clasificar las cosas, y normalmente como “buenas” o “malas”. La Naturaleza no lo hace, ella sólo crea: un tigre y un león son muy diferentes, lo de que son “felinos” es cosa nuestra.  Que mi opinión se clasifique automáticamente como machista, que a mi persona se la tilde de tal, no es más que llevar las cosas a los extremos, a los polos, donde claro, siempre se enfrentan. Romanos y galos, moros y cristianos, rojos y azules. Yo no quiero pertenecer al bando machista, sólo porque Mangas lo diga, ni ser su portavoz. Yo hablo por mí, y yo soy yo, y mis circunstancias. Nunca he competido más allá de nivel regional, y nunca he ganado un duro. No tengo interés en “defender lo mío”, ni a nadie, porque nadie está de mi lado en esto. Escribí para opinar, no para sentar cátedra. Para eso, mejor leer a periodistas como Maialen Mangas, paradigma de su decadente profesión, siempre prestos a ver las hojas del árbol podrido, pero nunca echar un vistazo a las raíces. Y así, es imposible curar el tronco.

Carlos Serrano


 
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