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> La tiranía voluntaria de la tabla corta – Por Eduardo illarregui

>> Darse una vuelta por el pico y echar un vistazo a las tablas de los surfistas invita al pensamiento y la reflexión. Nunca el surfista ha tenido tanto donde elegir para crear su quiver, pero la hegemonía de la tabla corta de tres quillas es total y absoluta. Desde hace unos años, al ‘mágico’ thruster se le viene atribuyendo, de forma invariable, en exclusividad, una serie de valores y ventajas sobre el resto de tablas, sin tener en cuenta otros factores decisivos para un deslizamiento óptimo, como el nivel del propio surfista y la calidad de las olas. Tal vez, el prestigio que tienen las tablas realizadas por un determinado shaper tenga algo que ver con que las usan los mejores surfistas del planeta o que se emplean en los mejores spots del mundo, en las mejores condiciones posibles, tras días o semanas de espera, durante las competiciones. Para ser más ecuánimes, habría que trasladar estas tablas de competición a spots locales, autóctonos, en días normales, en baños rutinarios y en surfistas medios y ver lo que pasa.

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Entonces, sí que nos podríamos hacer las siguientes preguntas: ¿Es realmente la mejor tabla para tanta gente? ¿Es lo más versátil y adecuado que existe para un surfer que, esté la marea alta o baja, esté grande o pequeño, bueno de viento o tocado, se mete siempre con la misma tabla? ¿Puede haber gente que sacaría más rendimiento de sus baños habituales o de sus condiciones técnico/físicas con otro tipo de tabla? Dicho de otro modo ¿puede haber gente que no sabe lo que se está perdiendo o se esté estancando en su evolución por culpa de estar usando una tabla simplemente porque es la que usa todo el mundo o el campeón del mundo?

Sobre este tema, Manel Fiochi, que tuvo un peso decisivo, en España, en cuanto a la evolución de las tablas y del estilo se refiere, y se le puede considerar uno de los importadores del surfing moderno y de muchas de las maniobras actuales, se muestra claro y contundente a la hora de recordar el papel de las olas como determinante en la efectividad o no de una tabla: “Olas buenas con cualquier tipo de tabla disfrutas”.

Respecto a la gran hegemonía de la tabla corta, fenómeno que en su época ya empezaba a palparse y hoy en día es crónico, Manel lanza la siguiente hipótesis: “Las tablas de repente fueron disminuyendo paulatinamente de tamaño y por narices si no tenías la más pequeña, no eras PRO, por otra parte, que es lo que critico, y como Cantabria no es Hawai, se tenían tablas inadecuadas para el 90% de las olas que realmente podías encontrar en casos normales”.

El apunte de “tenías que llevar una tabla pequeña por narices para ser un  pro”, viene que ni pintado para poner de manifiesto ese fenómeno de hoy en día, que es el reparo que tiene la gente a llevar tablas de volumen por miedo a ver su reputación mermada, o su antigüedad disminuida a ojos del prójimo. Un prójimo que pone mala cara, los días que las olas no son muy cañeras, cuando un surfer osa irrumpir en el pico con una tabla de mayor volumen. Es entonces cuando la hegemonía del thruster se pone en entredicho y el incondicional thrustero, en lugar de asumir que su tabla, como todas, tiene lagunas, y acatar el precio de jugar en ese blackjack lleno de variables que son las olas, siempre a la misma carta, recurre a los malos gestos, a la intimidación o argumentos alegales y extraídos de la manga, como un tahúr que no reconoce su propia derrota, de que los tabloneros no pueden acaparar el pico y tienen que compartir las olas.

La conclusión de Manel, tras casi cincuenta años de surf, y habiendo conocido de primera mano la evolución de las tablas, es de una contundencia esclarecedora: “Con olas buenas cualquier tabla, grande o pequeña vale para ir con velocidad, que es lo que hay que conseguir. Ir lo mas rápidamente posible para poder hacer alguna que otra maniobra; pero aquí en general está malo de narices, así que cambiamos de tabla creyendo que nos irá mejor, y es una equivocación, porque el problema no está en la tabla, está en las olas. Esto que digo puede sonar fatal, pero pasar un verano en Biarritz, te haría pensar así y preguntarte por qué en Cantabria las olas son tan malas y aquí (por Francia) tan buenas. Es porque a veces el mundo es injusto, pero sería peor si viviéramos en Palencia o Burgos, eso sí que sería una putada”.

Unas palabras, las de esta leyenda del surf español, que recuerdan a la conversión sufrida por Nat Young, que pasó de ser a finales de los sesenta, el profeta que anunciaba con rotundidad el fin de la era de la tabla larga y del estilo noseriding, a rectificar y apadrinar años después el campeonato mundial de longboard. Young, al igual que Fiochi, recuerda “la necesidad  de usar el vehículo  apropiado a cada situación, ¡Y a veces eso significa una tabla larga!”.

Preguntas surfexistenciales que se resumen en una sola: ¿quién se tiene que adaptar, la tabla al surfista o el surfista a la tabla? En una época donde el abanico de tablas, la existencia de talleres son tan grandes y el comercio internacional o Internet te permiten adquirir cualquier tipo de tabla en cualquier lugar del planeta, la respuesta parece evidente.

Eduardo Illarregui Gárate

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